Jesper es el peor estudiante de la academia postal real. Como castigo, su padre lo envía a Smeerensburg, una isla helada más allá del Círculo Polar Ártico, donde los habitantes apenas intercambian palabras, y mucho menos cartas.
Allí, Jesper está a punto de rendirse cuando encuentra una aliada en la maestra local, Alva, y descubre a Klaus, un misterioso carpintero que vive solo en una cabaña llena de juguetes hechos a mano. Juntos, devolverán la risa a Smeerensburg y forjarán un nuevo legado de tradiciones mágicas.
La tesis central de la película es que la bondad es contagiosa. Analizamos cómo el acto egoísta de Jesper (querer mandar cartas para irse) acaba transformando el pueblo accidentalmente, hasta que su motivación cambia y se vuelve genuina.
El momento en que un niño rompe la barrera del odio.
La amistad más allá del idioma (Pueblo Sami).
«Los niños quieren juguetes, pero no saben escribir. ¡Deben ir a la escuela!»
Alva ha convertido su escuela en una pescadería porque nadie va a clase. La película muestra cómo la motivación (escribir cartas a Klaus) es el motor del aprendizaje. Sin motivación, no hay educación.
A diferencia de los elfos mágicos tradicionales, los ayudantes de Klaus son miembros del pueblo Sami, indígenas de Laponia. Visten sus trajes reales (Gákti) y hablan su idioma. Una oportunidad de oro para trabajar la diversidad cultural en clase.