Doce naves alienígenas misteriosas aterrizan en diferentes puntos del planeta. El mundo se prepara para la guerra. El ejército de EE.UU. recluta a la experta lingüista Louise Banks para intentar comunicarse antes de que las potencias mundiales ataquen.
Mientras intenta descifrar los complejos logogramas circulares de los visitantes, Louise comienza a experimentar extraños flashbacks que podrían ser la clave no solo para salvar a la humanidad, sino para entender la naturaleza misma del tiempo.
La premisa central: El lenguaje que hablas determina cómo piensas. Si aprendes un idioma que no tiene tiempos verbales lineales (como el de los Heptápodos), tu cerebro empieza a percibir el tiempo de forma no lineal. ¿Es el lenguaje un software para el cerebro?
Los humanos ven la llegada como un «Juego de Suma Cero» (si ellos ganan, nosotros perdemos). Louise intenta enseñar que es un juego de «Suma No Cero»: si cooperamos, ambos ganamos. El «arma» que traen no es para destruir, es una herramienta (el idioma).
Escritura semasiográfica: sin sonido, sin principio ni fin. Refleja su percepción del tiempo.
A diferencia de otras pelis de aliens, aquí no hay tecnología brillante, solo piedra y niebla.
Louise cuenta la anécdota (falsa pero útil) del Capitán Cook y el canguro para explicar por qué no podemos simplemente preguntar «¿Qué queréis?». Los malentendidos culturales pueden llevar a la guerra. La palabra «Arma» en un idioma puede significar «Herramienta» en otro.
«A pesar de saber el viaje y a dónde conduce, lo acepto. Y le doy la bienvenida a cada momento.»
El dilema final de Louise es nietzscheano. Si supieras que tu hijo va a morir joven, ¿elegirías tenerlo de todas formas? La película plantea que el dolor es parte inevitable del amor y que la vida merece la pena vivirse incluso con un final triste.
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