Cracovia, 1939. Oskar Schindler es un empresario alemán, vividor y miembro del Partido Nazi, que llega a Polonia para aprovecharse de la mano de obra judía barata. Sin embargo, al ser testigo del horror del Holocausto y la brutalidad del comandante Amon Göth, su conciencia despierta.
Arriesgando su fortuna y su vida, Schindler comienza a sobornar a los nazis para proteger a sus trabajadores, convirtiendo su fábrica en un refugio y elaborando una lista de nombres que salvará a más de 1.100 personas de la muerte en Auschwitz.
La película no solo muestra monstruos, muestra burócratas. Amon Göth es un psicópata, pero el sistema que lo permite es frío y calculado. Analiza el concepto de Hannah Arendt: cómo personas «normales» pueden cometer atrocidades si solo «siguen órdenes».
El único color: la inocencia individualizada.
«La lista es la vida». El poder de un nombre.
Schindler y Göth son presentados como espejos. Ambos son guapos, les gusta el lujo y el poder. Pero uno usa el sistema para salvar y el otro para matar. Debate: ¿Qué hace que una persona elija el bien en medio del infierno?
Schindler compra vidas. Literalmente. Es la única película donde el soborno y la corrupción se convierten en virtudes heroicas. Analiza cómo Schindler se arruina voluntariamente para mantener su fábrica de municiones defectuosas.
«Quien salva una vida, salva al mundo entero.» (Talmud)
El colapso final de Schindler. A pesar de salvar a 1.100 personas, llora por los que no pudo salvar. Es el contraste entre la estadística (millones de muertos) y la tragedia individual.