«Ningún niño se queda atrás». Arthur tiene una misión imposible: entregar el regalo olvidado antes de que salga el sol.
Santa Claus ya no reparte los regalos en trineo. Ahora tiene una nave espacial gigante (el S-1) y un ejército de elfos con ordenadores que entregan millones de juguetes en segundos. Es una operación perfecta… casi.
Una noche, se olvidan de entregar UN regalo: una bici rosa para una niña llamada Gwen. Para el hijo mayor de Santa, Steve, «una niña no importa, es un error estadístico». Pero para Arthur, el hijo pequeño y torpe, esa niña lo es TODO. Arthur se unirá al Abuelo Santa y a una elfa experta en envolver regalos para cruzar el mundo en el viejo trineo de madera y salvar la Navidad.
Steve piensa en números («hemos entregado el 99.9%»). Arthur piensa en personas («Gwen se despertará triste»). Enseñamos que cada individuo es importante.
¿Es mejor la nave espacial súper rápida o el viejo trineo con renos? Aprendemos que la tecnología es genial, pero el «cariño» al hacer las cosas es insustituible.
Arthur viaja por todo el mundo (Toronto, África, México…). Usamos la película para ver el mapa y aprender dónde están los continentes de forma visual.
Arthur tiene miedo a las alturas, a la velocidad y a los osos polares. Pero lo supera todo por amor a Gwen. Eso es la verdadera valentía: actuar a pesar del miedo.
Arthur (joven) y el Abuelo Santa (muy mayor) tienen que colaborar. Enseñamos el respeto a los mayores y lo que podemos aprender de su experiencia.
La magia de la madera frente al metal.
El objetivo de la misión: una sonrisa.
¿Qué le pedirías tú a Arthur?